La verdad nos libra de superstición, idolatría y fanatismo

La Palabra de Dios nos libera de las religiones vanas y supersticiosas que los pueblos han adoptado a lo largo de la historia. La idolatría, en sus múltiples formas, ha sido una manifestación constante del anhelo humano por lo trascendente, pero que busca satisfacer este anhelo en medios falsos y corruptibles. Como el profeta Jeremías lamentó, “han dejado a mí, fuente de agua viva, y han cavado para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua” (Jeremías 2:13). Las Escrituras nos conducen a la adoración del Dios verdadero, desenmascarando el vacío de los ídolos que los hombres fabrican y mostrando la vanidad de las tradiciones religiosas sin sustancia. Además, nos guardan del fanatismo que esclaviza las conciencias bajo reglas humanas o emociones desordenadas, recordándonos que “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:24).


